martes 23 de diciembre de 2008

Cosas de la dualidad

Ella se debate entre el sentir y el pensar, entre la calma y el impulso, la sumisión o el poder. Mira a su alrededor y envidia la ingenuidad y candor de algunas, el arrojo y empuje de otras, extrae y sintetiza en un modelo, un modelo imposible pues cambia tanto como su propia concepción de los sentimientos. Está predestinada a desdoblarse y someterse a la inestabilidad de una balanza.
Ahora cree que puede comerse el mundo, minutos después camina cabizbaja para hacerse notar lo menos posible. Lo que en su cabeza sonaba increíble, expira antes de llegar a ser pronunciado y no consigue llegar al punto justo de espontaneidad, siempre demasiado forzado, siempre demasiado reprimido.
Sabe que le debe a alguien un relato que se quedó a medias, pero tiene miedo de seguir escribiendo, quizá porque teme que no sea tan perfecto como se espera, como ella espera. Traduce así su pánico a hacer lo equivocado y perder lo que ha labrado con tesón y esfuerzo. Pues nunca ha sido excesivamente asustadiza hasta que dejó de estar al margen y está viendo el resultado de sus acciones en el transcurso de la historia. Ahora tiene miedo prácticamente de todo e incluso se aterroriza de sus propios temores.
Y no sabe si es que se siente responsable o dependiente... cosas de la dualidad.


Vaya, buscando textos antiguos, se descubre que hay cosas que nunca cambian. Eso viene determinado, ¿no? La genética o quizá el horóscopo.

domingo 2 de noviembre de 2008

Frío tangible

Hoy he extendido un brazo fuera de la ventana y he podido palpar el frío. Lo he sentido como algo verdaderamente tangible, de límites definidos y textura propia, y lo he apresado entre mis dedos un par de veces antes de devolver mi mano al calor del hogar. Noviembre trae consigo siempre este tipo de señales que presagian un invierno inminente: el cielo ya se ha vuelto a colorear de gris perla, casi blanco, y el otro día pude ver hasta algo de niebla ocultando la cúspide de los edificios más altos. La niebla recubre la ciudad como si fuera un tul, una gasa semitransparente, y le otorga un nosequé fantasmal que me encanta, aún más cuando se combina con ese color de cielo tan luminoso y tan típico de este mes. ¿Te acuerdas de cuando me dijiste que allí lo cubría todo y sólo podían verse la cúpula y la torre? Entonces hacía demasiado calor para comprobarlo. Ahora los cristales se llenan de escarcha con el relente de la noche, y de vaho, como cuando me besas en días fríos y se me empaña la mirada. También me gusta deshacer la escarcha, pero sólo cuando llevo guantes. Y escribir mensajes con el dedo recogiendo las gotas de vapor condensado... Hace tanto frío que regreso todas las tardes a casa con la punta de la nariz y las mejillas rojas, frotándome las manos y deseando ducharme con agua caliente, de esa que se clava en la piel como alfileres. Las noches se hacen más y más largas, así aumenta también la magnitud de mis sueños, pero sorprendentemente no sueño con verano, ni con sol, ni siquiera con el azul del mar que no volveré a ver hasta quién sabe cuando... ya me he acostumbrado al otoño, quizá sea porque Noviembre es un mes veterano en esta estación. Y con mi manta, el abrigo y tus abrazos no hay frío que temer.

jueves 9 de octubre de 2008

No sé ni quien soy

"Yo no soy yo.
Soy esta
que va a mi lado sin yo verla;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
La que calla, serena, cuando hablo,
la que perdona, dulce, cuando odio,
la que pasea por donde no estoy,
la que quedará en pie cuando yo muera."

(Me tomo la pequeña licencia de "feminizar" el poema de Juan Ramón, perdónenme puristas de la literatura)

jueves 2 de octubre de 2008

"No-elección"

"Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."
[capítulo 93 de "Rayuela" - Julio Cortázar]

Cuántas veces habrá acertado en mí esa flecha sigilosa, incluso silente, sin haberlo elegido. Cuántas veces habré deseado también ser el blanco perfecto para ella y, sin embargo, ni me ha rozado; cuántas veces ha logrado esquivarme con una facilidad sorprendente. El amor no se elige, efectivamente, el amor se instala en ti sin pedir permiso y no se marcha ni aunque se lo pidas de la mejor manera posible. Tampoco sirven con él las amenazas. Ni las súplicas. Va tejiendo en torno a ti una red de la que es verdaderamente difícil escapar aún teniendo las herramientas que podrían cortarla, te aferra de un modo cuasi-obsesivo, tomando posesión de tus instintos subyacentes y abstrayéndote de la realidad más cercana. Contra él no protegen las corazas, ni los escudos, ni siquiera los pararrayos. Cuando pienso esto, me siento tremendamente indefensa...

[Llevo todo el día con este texto rondándome en la cabeza :) Me gustaría que la entrada hubiese sido completamente mía, pero Cortázar escribe bastante mejor]


miércoles 24 de septiembre de 2008

Perfume de ti

Es una lástima que mi memoria olfativa no sea tan eficaz como el resto de las otras. Hoy desperté queriendo recordar tu olor; olfateé, husmeé, rastreé cada porción de aire... y no hubo resultado: no estaba presente ninguna de las notas que lo componen. Aún era capaz de visualizar sin problemas cada uno de los pliegues que surcan tu rostro, ajado por esa manía tuya de expresarlo todo por medio de él. Conseguía reproducir en mis oídos tu timbre de voz, de una musicalidad inusitada, y, aunque de un modo muy leve, sentir bajo las yemas de mis dedos el suave deslizamiento de tu piel. El sabor de tus besos parecía haberse instalado en mi saliva minutos antes. Pero de tu esencia, ni rastro.

Cómo me hubiese gustado grabarte a cincel en la pituitaria cuando tuve ocasión. Podría así componer mi propio perfume de ti, decantando las sustancias pertinentes en el matraz o el tubo de ensayo, en un intento de conjugar la química y la alquimia para obtener magia. Y empapar con él mis sábanas, mis cortinas, mi melena... todo impregnado de tu aroma voluptuoso, mezcla de almizcle y sándalo o quién sabe qué, todavía no he hallado la fórmula perfecta.

Quizá así no te sentiría tan lejos, quizá no te marcharías nunca...

miércoles 17 de septiembre de 2008

Esperando al otoño

¡Basta de verano!

Necesito volver a sentir el frío en la piel, los ojos llorosos por el viento y la nariz colorada. Necesito dejar esta ociosidad y volver a mi vida frenética, al remanso de paz que me supone el tren por las mañanas (eso si no hay retrasos) y a llegar a casa agotada, deseando coger la cama y perderme entre sus sábanas. Necesito tomar apuntes, leer libros fascinantes y otros insoportables, beber mil cafés al día y hacer numerosas escapadas a nuestro hueco de la facultad. Necesito estrenar abrigo, guantes, gorro, botas y miles de prendas otoño-invernales más. Necesito ausentarme del curro con alguna excusa y quedarme una tarde en casa, mientras llueve, tomando una sobredosis de dulce y viendo Amélie por enésima vez (y si es en versión original, aún mejor). Necesito despertarme un lunes por la mañana, bajo miles de mantas, y dedicarme a leer cualquier cosa no académica hasta el mediodía. Necesito salir a pasear por el centro, abrigada hasta las cejas, y no resistir la tentación de engrosar mi biblioteca o mi fondo de armario. Necesito sentir nostalgia del calor, del descanso, de la gente con poca ropa y piel morena, de salir a la calle hasta tarde y no tener que coger chaqueta...
¡Necesito rutina para poder hartarme de ella!

Lela

Fumaba sentada en el quicio de alguna puerta, sin despegar la mirada de un mismo punto, ausente. El agua le mojaba las piernas, pero el resto de su cuerpo se resguardaba bajo los balcones que pendían de la fachada. Una calada, aguantar el humo unos segundos y soltarlo para recibir la siguiente...

Están as nubes chorando
por un amor que morréu,
están as ruas molladas
de tanto como chovéu

Un simple acto mecánico, como respirar, aunque más destructivo. Pensaba demasiado en todo: en cómo se ensuciaban los pulmones, cómo las gotas horadaban los tejidos, cómo molestaba cada una de esas punzadas... Pensar, a veces, también autodestruye.

Lela, Lela
Leliña por quem eu morru,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos

Y recordar aún más...

Non me deixes
e ten compasión de mim...
sen ti non podo,
sen ti non podo vivir

El orgullo acaba siempre perdiendo la batalla entre los sentimientos, queda olvidado y cuando se pretende rescatarlo es inevitablemente tarde. Súplicas y más suplicas.

Dame alento da túas palabras,
dame celme do teu corazón,
dame lume das tuas miradas,
dame vida co teu dulce amor

Se acaba el cigarro, se acaba el tiempo, todo llega a su fin.

Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir...